Sálvame: La Telebasura se reinventa

Hola a todos, hablaremos hoy del fenómeno televisivo Sálvame, que aunque profundamente reprochable desde una visión moral, costumbrista y del buen gusto, no deja de tener gran interés desde el punto de vista de la concepción de un modelo de negocio altamente rentable. Y convendrán conmigo que, sin duda, Sálvame lo es.

Sálvame

El mérito de Sálvame reside en haber sabido reinventar el modelo de negocio televisivo de la telebasura rosa (que otras también hay). El concepto de reinvención es muy importante desde el punto de vista de la gestión estratégica de los modelos de negocio, pues éstos se agotan y las empresas, para sobrevivir, deben anticipar los cambios de tendencia con la antelación suficiente para adaptar (o cambiar) su modelo de negocio a las nuevas realidades.

En las escuelas de negocio se suele profundizar en el concepto “reinvención” estudiando el caso de El Circo del Sol (Cirque du Soleil), que fue capaz de reinventar, con un éxito mundial, el decadente y moribundo mundo del Circo. Y esto no siempre es fácil; las últimas décadas están plagadas de empresas que no supieron o no pudieron reinventarse: Kodak y Fuji en el sector de la fotografía, IBM en el sector del software, etc, pero esto es una historia que deberá ser contada en otra ocasión.

Circo del Sol

Circo del Sol

Yendo al caso que nos ocupa, nos encontramos con que el fenómeno de la telebasura rosa en España tiene ya un recorrido de prácticamente una década. La cosa empezó como un noticiero de cotilleos, donde se pasaba revista a las novedades. Con el éxito del formato se desarrolla la fabricación de la noticia que no existe (lo que llaman en el mundillo “montaje”). Posteriormente dió una vuelta de tuerca y como evolución a la “noticia enlatada” comenzaron a hacerse entrevistas en directo a los protagonistas. El juego que daban las réplicas y contrarreplicas en directo expandió el modelo de negocio, que ya podía fabricar auténticas tramas (reales o ficticias, la pasta no entiende de eso) que dieran contenido no solo a un programa, sino a la parrilla televisiva de toda una cadena, o de varias.

Tenemos ya un mercado (en este caso medido por la cuota de pantalla) maduro pero muy rentable. La competencia, como pasa en estos casos, es feroz. La siguiente vuelta de tuerca consiste en adecentar un poco el modelo: la telebasura, aunque sea de boquilla, está muy mal vista, y los “profesionales” que trabajaban en ella no estaban profesionalmente considerados, así que para diferenciarse, los programas (o cadenas) intentan dar seriedad a los formatos y llega la guerra del  “es que yo soy periodista y tu no”, “tengo una información contrastada”, “no revelaré mis fuentes”, (ni que fuera el Watergate). Es la época dorada de los Salsa Rosa, Salsa de Luxe y DEC: una ristra de periodistas y no periodistas más o menos renombrados, que se dedican a despellejar en directo al de la trama de turno. El problema es que las tramas (jesulines, pantojas, rociítos, etc) son finitas, y áun potenciándolas cual culebrones, la gente acaba hastiándose.

Es en este momento cuando irrumpe Sálvame, y reinventa el invento, valga la redundancia. Y en mi opinión, de una manera genial. Veamos algunos aspectos principales: Sigue leyendo