Offshoring

Vamos hoy con otro palabro que se puso de moda años ha como consecuencia del análisis de la cadena de valor que proponía Michael Porter.

El offshoring, es el traslado integral de puestos y procesos de trabajo (espcialmente de tareas relacionadas con servicios internos de IT y administración) fuera de nuestras fronteras, y generalmente allende los mares.  Se le debe atribuir la responsabilidad directa en la mala reputación adquirida por otro palabro donde los haya: el Outsourcing o externalización de servicios (que veremos en otra ocasión).

Sin embargo, y para hacerle un poco de justicia a este último, es necesario hacer una distinción entre los mismos:

  • El Outsourcing no implica necesariamente una pérdida de puestos de trabajo netos en un país o territorio determinado. Una tarea determinada se puede encargar a una organización externa de la misma nacionalidad y que opera en el mismo territorio de una manera más eficiente.
  • El Offshoring, en todo caso, significa migrar puestos de trabajo a otro país, aunque no necesariamente a otra organización. Por ejemplo, una empresa puede decidir trasladar su departamento de atención al cliente a alguna de sus sedes en otros países. Esta operación constituiría una operación de Offshoring, pero no de  Outsourcing.

Los economistas argumentan que el Offshoring es una operación en la que todo el mundo gana: el país que deslocaliza obtiene a cambio costes de explotación más bajos, y el país que recibe los recursos deslocalizados genera puestos de trabajo. Sin embargo, este fenómeno empieza a preocupar a los países desde el mismo momento en que empieza a  producirse a gran escala.

Cuando los procesos de producción comenzaron a trasladarse masivamente a China y a otros destinos baratos, los gobiernos de los países del primer mundo no se tomaron el problema muy en serio porque pensaron que el excedente de trabajadores de la industria podría ser recolocado en el sector servicios con relativa facilidad. ¿Quién iba a protestar por cambiar una fría factoría por una cálida y confortable oficina?

El gran problema surgió cuando los servicios empezaron a trasladarse también a otros países. De la noche a la mañana los departamentos de atención al cliente de grandes compañías parecían estar basados en países de Sudamérica o del norte de África (en el caso concreto español). ¿Dónde se iba a recolocar ahora a la fuerza de trabajo desplazada del sector servicios por poco competitiva?

En cierta ocasión, la población norteamericana fue presa de un proceso de histerismo transitorio respecto de este asunto. Un informe elaborado en el año 2004 por una reputada consultora establecía que para el año 2015 habrían salido de los Estados Unidos unos 3,3 millones de puestos de trabajo. Pese a que uno de los analistas autores del informe declaró al Wall Street Journal que las cifras no podían ser tomadas más que como conjeturas, el público norteamericano las tomó como un hecho cierto.

Poco a poco la histeria se fue diluyendo, aun cuando seguían cuestionándose cada día más los beneficios del Offshoring. Los directivos tenían grandes dificultades para gestionar los departamentos deslocalizados en países tan lejanos y de culturas tan diferentes, y las empresas empezaron a repatriar algunos procesos operativos, especialmente los centros de llamadas, debido a que los clientes mostraban dificultades a la hora de transmitir sus necesidades a personas que vivían en otro entorno, con otra cultura y con otro uso horario.

Así las cosas, en el año 2006 un centro de llamadas indio abrió dependencias en Irlanda del Norte. Se inventó así un primo cercano del Offshoring: el Nearshoring, concepto por el cual, las empresas deslocalizan operaciones a países próximos con un grado alto de afinidad cultural, pero en los que todavía se pueden obtener costes laborales más reducidos (por ejemplo de Japón a la ciudad china de Dalian, muy próxima a la cultura japonesa por haber pertenecido a Japón y por conservar todavía población nipoparlante).

Los países próximos tienen más sintonía cultural y de costumbres con el país al que pertenece la empresa que deslocaliza procesos, son más accesibles y cercanos y no tienen el problema de lidiar con el jet-lag.

Como ya habréis podido imaginar, la lengua de Cervantes también tiene en esta ocasión una palabra para describir el fenómeno, que no es otra que Deslocalización.

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