Vamos con China (I)

Hola a todos, hoy vamos a hincarle el diente a un asunto de máxima actualidad: el fenómeno chino. La idea surgió a raíz de un debate que tuve en el ámbito profesional con algunos destacados directivos de empresa. Paso sin más a relatar a lo largo de varias entradas mis líneas argumentales al respecto. Básicamente se puede abordar el caso chino desde dos vertientes, hoy veremos la primera:

China en el corto plazo. Este es el fenómeno mediático, el de las cifras macroeconómicas y los crecimientos desmesurados.

China

El tratamiento del fenomeno chino, sin perjuicio del efecto desestabilizador real que tiene en las economías ricas, ha sido una moda para vender. Vender libros, cuota de pantalla TV, cursos para directivos, eventos, etc. Pero más allá de ese ruído, China, a pesar de tener 1.500 millones de habitantes, no tiene un mercado interior, lo único que tiene es un ejército (no desentonaría aquí su significación marxista) de obreros que trabajan por un salario mísero, lo que le ha permitido posicionarse como la “fábrica del mundo”. Es decir, China se ha convertido en el santuario de occidente para el adelgazamiento de los costes de producción. Por eso es cierto que hay muchas oportunidades para las empresas occidentales al instalarse en China, pero ojo, más que para ampliar mercados, la oportunidad reside en menguar costes de producción.

Esto implica dos cosas: por un lado, la inevitable entrada de un verdadero río de divisas, hace que el gobierno atesore reservas suficientes como para tener capacidad de intervenir en los mercados, con el poder que eso conlleva. Por otro lado, esto es así porque esas divisas no revierten en la población, ya que si lo hicieran, los dólares desaparecerían como “una lágrima entre 1500 millones de  gotas de lluvia”. Si seguimos hablando en términos marxistas, esto significa que el estado se apropia de las plusvalías del trabajador, quedándose con las divisas y dándole un sueldo de subsistencia (quien lo diría siendo China un estado marxista, ¿verdad?).

Pasemos ahora a analizar la dimensión financiera de este asunto. Es cierto que países como China tienen las arcas a rebosar de dólares, y hasta ahora, eso les daba cierto poder en el panorama internacional, ya que podían intervenir efectivamente el valor de la moneda estadounidense con operaciones en los mercados internacionales y desestabilizar los mercados financieros.

Pero hoy en día, con la FED y el Tesoro norteamericano imprimiendo dolares nuevos a tal velocidad que las máquinas echan humo (el quantitative easing), la amenaza de devaluación de esta moneda (inflación o hiperinflación) a medio plazo es evidente y las tornas por ende han cambiado radicalmente. Ahora, los fajos de dolares que mantienen países como China y Rusia en sus cajas fuertes como Divisa de Reserva, podrían llegar a valer menos que un montón de periódicos viejos en caso de una hiperinflación del dólar, por eso han estado planteando últimamente la necesidad de crear una divisa de reserva internacional nueva y abandonar el dólar. El problema ahora no lo tiene USA, lo tienen ellos.

China es un gigante con pies de barro por muchos motivos. En próximas entradas iremos viendo algunos de ellos. Con la estructura actual, China es un país tremendamente dependiente de las economías occidentales, pues al carecer de mercado propio, está a expensas de que occidente le quiera comprar. Occidente le compra porque ha encontrado en China un paraiso para la reducción de costes ( veáse que manteniendo el nivel de precios occidentales, revierte directamente en la cuenta de beneficios de las empresas occidetales, aspecto que vermos en otra entrada próximamente).

Por todo ello, China está condenada a llevarse bien con Occidente (y no al contrario). El único arma en poder de China en esta desigual pelea es la gestión de las ingentes cantidades de divisas que atesora su banco central, con la que pueden alterar los equilibrios internacionales, pero vista la fabricación masiva de billetes verdes que se está llevando a cabo, un proceso inflacionario acabaría también con esta posibilidad (como decían los cuantitativistas españoles de la escuela de Salamanca, la inflación es robar al pobre el dinero en su bolsillo).

Continuará.

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